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CORONAVIRUS (CODVID 19) Un desafío emocional y un duelo planetario

Es necesario, imperativo e inteligente comprender el proceso emocional por el que estamos transitando de manera individual y colectiva.

Siempre repito a quienes me consultan que “está BIEN y es normal  sentirse MAL”, que el planeta entero vive una situación perturbadora e inesperada y que todos estamos sensibles. Debemos ser pacientes con nosotros y con el resto de nuestras familias o compañeros de cuarentena.

La crisis por el #coronavirus nos sorprende y  está poniendo de rodillas al mundo. Nuestra civilización enfrenta una perturbación sin precedentes, reina  la incertidumbre de los días por venir. Se hace urgente tomar medidas inteligentes en pro de proteger el nuestro bienestar e integridad emocional ante la #pandemia.

Muchas empresas del #mundo, siguiendo las recomendaciones de las autoridades locales, están en pausa o están migrando sus operaciones a trabajo remoto, pero no todas las compañías han podido hacerlo debido a la naturaleza de su negocio, afectando sobre todo a los pequeños y medianos emprendedores.

La suspensión de actividades académicas, deportivas y recreativas y la medida de aislamiento en el hogar, son el caldo de cultivo de la incertidumbre, la desesperación y la impotencia. Y definitivamente estamos experimentando el transito emocional llamado DUELO.

DUELO

Etimológicamente, la palabra duelo proviene del latín “dolus” que significa dolor o desafío. Cuando enfrentamos enfermedades, la muerte de un ser querido (incluidas las mascotas), rupturas, quiebras y otras pérdidas, todos los seres humanos vivimos lo que expertos en conducta humana llaman duelo.

El duelo es un conjunto de emociones que se experimentan cuando se pierde a alguien o algo importante, es una respuesta normal e incluso saludable de la persona ante una pérdida.

Siempre repito a quienes me consultan que “esta BIEN y es normal sentirse MAL”, el problema surge cuando nos quedamos allí mucho tiempo. El duelo es un tránsito temporal, que nos afecta física, mental e incluso espiritualmente.

Además del temor al contagio o a contagiar a nuestros seres queridos, está el miedo a las  pérdidas de nuestros trabajos, de nuestras empresas y negocios, donde no sólo se afectarán los empresarios, sino todos los trabajadores y proveedores de las pequeñas o grandes empresas cerradas. Pérdida que ya experimentamos en Venezuela.

La reacción humana normal frente a las pérdidas, atravesará inevitablemente cuatro etapas o fases tal como las describió la Dra. Kübler-Ross:

⁃ Rechazo, shock y Negación del suceso.

⁃ Rabia, indignación, agresividad.

⁃ Tristeza, vacío o depresión.

⁃ Aceptación o negociación.

Para algunas personas, este desafío emocional y duelo planetario del CORONAVIRUS será más debilitante que para otras, nuestras respuestas emocionales son normales y el duelo es un tránsito,  las emociones dolorosas y desagradables inevitablemente llegarán y debemos reconocerlas, aceptarlas, desahogarlas y dejarlas ir.

RABIA

El duelo es un tránsito temporal, que nos afecta física, mental e incluso espiritualmente. Luego del shock o negación inicial, será normal experimentar rabia, buscaremos culpables, estaremos agresivos, irritables o de mal humor.

Debemos estar atentos con nosotros y con los miembros de nuestra familia. Entre todas las etapas del duelo que definió Elisabeth Kübler-Ross, es muy posible que esa segunda caracterizada por la ira y la frustración, sea la más problemática. Es muy importante dar el paso al desahogo emocional, para no quedar atrapados en la rabia permanente o en una ira que no se calme con el paso de los días.

TRISTEZA

Pasados los días y después de los primeros sentimientos de confusión, de miedo, de rabia y frustración… una de las emociones que terminará por instalarse en cualquiera de nosotros es… la tristeza.

Para manejar esta intensa y a veces desbordante emoción, hay que reconocerla, comprenderla y aprender a conducirla.

Los seres humanos somos entidades sociables, las relaciones son el sentido de nuestras vidas, todos necesitamos vínculos para crecer y desarrollarnos. La medida de aislamiento para prevenir el virus, aumenta la sensación de vacío o tristeza, natural en los procesos de duelo.

Cuando nuestros vínculos importantes se interrumpen, cuando nuestra rutina productiva se paraliza, inevitablemente surge un periodo de gran intensidad emocional, que se agrava por el exceso de información que circula actualmente.

NEGOCIACIÓN / ACEPTACIÓN

La negociación es la etapa previa a la aceptación de una pérdida, la mente se busca una tregua temporal para negociar el cambios de hábitos al que estamos obligados durante el aislamiento.

Debemos tener paciencia y permitir que nosotros y quienes nos rodean hablen y deseen volver a la vida que se teníamos antes de que apareciera el CORONAVIRUS en nuestras vidas. Estaremos nostálgicos, rememorando el pasado.

Esta fase del duelo suele ser la más breve de todas las etapas y nos llevará a la aceptación de las nuevas rutinas en nuestras vidas limitadas temporalmente y preparará a nuestra mente para el futuro, aunque este signifique comenzar de nuevo. Gradualmente podremos volver a sentir placer y a valorar las pequeñas alegrías del día a día.

SÍNTOMAS FÍSICOS

El orden y la duración de estas etapas pueden variar mientras se acepta la realidad. En ese tránsito también nos pueden acompañar algunas sensaciones físicas.

Hipersensibilidad al ruido

Falta de energía

Debilidad muscular

Opresión pecho o garganta

Sequedad en la boca

Vértigos o nauseas

Falta de aire

Sensación de vacío en el estómago

Trastornos de sueño

¿CUÁNTO DURA EL DUELO?

Dependerá de la personalidad y antecedentes de cada ser humano, del vínculo con el objeto de su pérdida en un duelo individual y en este contexto planetario, dependerá de su autoconsciencia,  el tiempo para el restablecimiento de su equilibrio emocional y la creación de una nueva manera de vivir o de recomenzar la vida.

Durante el duelo, la balanza emocional está desequilibrada, y es importante trabajar con nuestros recursos personales y aprender otros nuevos, para equilibrarla y sentirnos mejor. En ese proceso emocional llamado duelo, repito: saludable y normal, la persona necesitamos:

1. Transitar las etapas hasta aceptar la realidad de la pérdida o en este caso, la realidad.

2. Desahogarnos con quienes puedan escucharlo amorosamente. Expresar las emociones y el dolor. Es normal sentirnos confusos y no saber qué es lo que deseamos, ten paciencia, no te culpes, ve a tu ritmo.

3. Intenta, siempre que sea posible, compartir tus malos momentos con personas diferentes, para que ninguna de ellas pueda sentirse desbordada. Recuerda que todos compartimos el agobio del momento.

4. Encuentra pequeños espacios de bienestar, es necesario darse permiso para vivir y disfrutar con ello.

5. Es aconsejable permitirse estar en duelo emocional, pero a la vez es positivo marcarse pequeñas obligaciones con la finalidad de no aislarse.

6.  evitar tomar decisiones importantes de forma precipitada, en ocasiones la emoción es la que intenta controlar esa decisión y no siempre es la acertada y la más beneficiosa para nosotros.

7. Es importante permitir que los anhelos y recuerdos surjan y compartir los buenos y malos momentos, no hay razón para ocultar el dolor o la alegría.

8. Intenta cuidarte a ti mismo, a través de la alimentación, el ejercicio físico, el descanso, la reducción de hábitos tóxicos.

9. Procura adaptarte a este nuevo medio temporal, en ausencia de las personas, situaciones o cosas que amábamos o necesitábamos. Recolocarte emocionalmente y continuar viviendo esta etapa con la  mayor serenidad posible.

La búsqueda del bienestar emocional nos obliga a reconocer la magnitud de los hechos que vivimos, si queremos sentirnos mejor, tarde o temprano habrán de afrontar nuestros sentimientos y aceptar la finalización de una etapa de malestar nos llevará a la siguiente y con ello a reconstruirnos internamente.

Mi intención es invitarles a la reorganización: asumir la adversidad y su extensión, cuando finalmente aceptamos lo que nos sucede, marcamos  el comienzo de la recuperación emocional, volver a sonreír, asumir nuestros roles con calma y adquirir nuevos hábitos de pensamiento para crear BIENESTAR INTELIGENTE.

En esta época pero del año 2011, transitaba el dolor emocional más grande que puede vivir un ser humano. Muchas personas se acercaban para consolarme, para calmarme. Pero el ardor de la muerte de un hijo, no lo calman las palabras, por más sabias que sean.

En esos días hubo una frase, de mi amigo, psicólogo y sacerdote Ricardo Bulmez, alguien que me quiere mucho y a quien adoro que son perfectas para este momento. Me dijo, “Lo que vives no es una cueva sin salida, es un túnel oscuro y frío Mariby, un túnel horrible, pero al final está la luz.”

Y esa es la visión que tengo de este momento en la historia de la humanidad. Un evento inesperado, incierto y difícil pero transitorio. Si nos desesperamos por llegar a la luz que se ve al final, podemos perdernos el aprendizaje que nos está dejando la oscuridad.

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