Emociones,  Productividad

EL PODEROSO TEATRO DE LA MENTE

La imaginación lo es todo.
Es la vista previa de lo que vendrá.
Albert Einstein

Las tomografías y los estudios sobre el cerebro han avanzado mucho en las últimas décadas. La ciencia puede determinar dónde se produce la actividad cerebral simplemente conectando electrodos a este órgano para medir la actividad eléctrica mientras se produce una actividad mental. Ya sea un proceso emocional, racional e incluso espiritual, como la oración, los científicos pueden saber si es un análisis racional, un recuerdo o la imaginación del individuo ya que se ha explorado, literalmente, el cerebro y los «mapas» pueden determinar con mucha precisión a qué área física corresponde cada una de esas facultades.

Uno de los más sorprendentes resultados de estos experimentos neurológicos es que se ha comprobado que, cuando vemos un determinado objeto, aparece actividad en ciertas partes de nuestro cerebro, pero cuando se le indica a la persona que cierre los ojos y lo imagine, ¡la actividad cerebral es idéntica! El cerebro tiene exactamente la misma actividad cuando ve y cuando imagina.

«El cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas. Para el cerebro, es tan real lo que ve como lo que siente», afirma Joe Dispenza en el documental ¿Y tú qué sabes?

Distintos estudios realizados con atletas confirman que nuestra mente no diferencia entre un hecho real y un suceso imaginario. Al inducir a una visualización a un joven nadador, se descubrió que su cerebro emitía las mismas señales eléctricas a los músculos que en una experiencia real, con lo cual todo aquello que visionamos en nuestra pantalla imaginaria invita a nuestra mente a poner en marcha todo lo que se requiera para la actividad que estamos imaginando.

En 1967, el psicólogo australiano Alan Richardson realizó una investigación sobre la visualización creativa, en la que hizo pruebas a distintos grupos de jugadores de baloncesto. Para desarrollar el experimento, armó tres grupos A, B y C, y les puso una prueba durante veinte días.

Al grupo A, les pidió que practicaran tiros a canasta durante veinte minutos diarios. Al grupo B, les pidió que no realizasen ningún tipo de práctica y que descansasen y se alimentasen bien. Y al grupo C, les pidió que, durante veinte minutos al día, se sentasen relajados y se visualizasen lanzando a canasta y encestando.

El experimento resultó en cierto modo sorprendente pues el grupo A mejoró en promedio un 25% las canastas mientras que el grupo B, como se podía esperar, no mejoró en absoluto. La sorpresa (no menos sorpresa por esperada) fue que todos los jugadores del grupo C también lograron mejorar sus resultados en los tiros a canasta y nada menos que en un 24%, obteniendo prácticamente los mismos resultados que el grupo A, y todo ello sin haber entrenado físicamente para hacer una sola canasta.

En su trabajo sobre el experimento realizado, que fue publicado en Research Quarterly, el Dr. Richardson afirma que «la visualización más eficaz se produce cuando el visualizador siente y ve lo que está haciendo». La imaginación es la habilidad para crear imágenes mentales con gran capacidad de realismo, por ello resulta poderoso crear las imágenes mentales de aquello que queremos ser, hacer o tener como si estuviéramos haciendo el guion de una película y luego ensayar mentalmente el papel, como hacen los actores, puede ser muy poderoso. La psicología moderna ha llamado este proceso como visualización creativa, una herramienta para entrenar la mente y alinearla «vibracionalmente» con nuestros propósitos en la vida.

Cada uno de nosotros, cuando fuimos, niños utilizamos la imaginación o visualización creativa con total naturalidad para crear todo tipo de aventuras y supuestas situaciones en las que nos sumergíamos totalmente. Paulatinamente, según nos adentramos en la vida adulta, vamos restando importancia a nuestra imaginación, sumergiéndonos en obligaciones y quehaceres diarios y relegando a tercero, cuarto o quinto plano nuestra capacidad creativa e imaginativa. Sin embargo, inconscientemente, continuamos utilizándola, pero muchas veces de manera descontrolada, imaginándonos calamidades o esperando lo peor de la vida. Debemos despertar y asumir el infinito caudal de energía que movemos a través de nuestros pensamientos.

Una meta establecida en forma apropiada es el cincuenta por ciento para lograrla”.
Zig Ziglar

Durante los últimos tiempos, científicos, filósofos y físicos han estudiado la mecánica del pensamiento, coincidiendo en que este es una señal electromagnética que se expande, ejerciendo al igual que un imán una intensidad magnética. Utiliza tu imaginación para recrear una representación lo más clara posible de eso que deseas ver manifestado en tu vida. Es cuestión de enfocarte en una idea, una imagen, y crear las sensaciones que los sentidos experimentarían en ese momento. Por ejemplo, si tu deseo es un crucero, imagina cómo se siente la brisa en tu rostro, qué aromas te rodean, qué ropa llevarías, qué comidas o bebidas degustarás, etc., y mantenlo en mente de manera constante y sostenida, transmítele a tu deseo fuerza emocional hasta que se convierta en una realidad objetiva. En otras palabras, hasta que materialices realmente lo que has estado visualizando.

No dudes en practicar la visualización creativa tan a menudo como puedas hasta que la conviertas en un hábito. Para transformar los deseos y sueños que albergas en tu mente en propósitos concretos, ¡decide lo que deseas, crea mapas mentales, dibuja, recorta, navega en internet, busca imágenes y siembra tus deseos!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *