Cuerpo

Alimentación paleolítica Vs alimentación actual

Por: Dra. María Estela Matos S.

La alimentación es la primera necesidad de cualquier animal para sobrevivir y por tanto, la primera tarea de la humanidad fue la de aprovisionarse de alimentos mediante diversas estrategias.

Durante la era paleolítica, período que duró 2,5 millones de años y que terminó con el desarrollo de la agricultura, hace unos 10.000 años, la humanidad tuvo que sobrevivir recogiendo o cazando todo aquello que el medio le proporcionaba. En esta época, los seres humanos obtenían sus alimentos a través de estrategias de caza de animales, pesca y recolección de vegetales. También consumían miel, hongos, huevos, nueces, hojas y raíces de plantas, frutas recolectadas o maduras, pescado, bisontes, leones, osos, mamuts, etc.

Utilizaban para cocinar recipientes que fabricaban con las tripas de los animales y al fuego; usaban cucharas y cuchillos, elaborados en madera, hueso o piedra; y utilizaban para cazar, lanzas creadas con piedras talladas. Estos hombres, comían para sobrevivir y debían moverse vigorosamente para poder conseguir los alimentos.

El moderno régimen dietético conocido como dieta paleolítica, también conocido como dieta del hombre de las cavernas, dieta de la edad de piedra o dieta de los cazadores-recolectores, es un plan nutricional basado en la supuesta dieta de plantas silvestres y animales salvajes que fueron consumidos por los humanos del período Paleolítico. La dieta se centra en el uso de los alimentos supuestamente disponibles antes de la revolución neolítica y se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces; excluye el consumo de granos, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados. Sin embargo, esta dieta ha sido cuestionada, ya que puede acarrear deficiencias de algunos nutrientes y vitaminas, en especial el calcio y la vitamina D.

Por otra parte, y de acuerdo a recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el consumo de productos lácteos y de granos y legumbres integrales forma parte de una dieta balanceada, por lo que no debe eliminarse su consumo en personas sanas (al menos que produzcan algún tipo de intolerancia, tales como intolerancia a la lactosa, al gluten, etc. en personas genéticamente sensibles).

La alimentación paleolítica, responde a la capacidad de adaptación del hombre a los recursos naturales de su entorno. Hace 2,5 millones de años el hombre no contaba con los conocimientos científicos, con el desarrollo industrial, ni con los avances tecnológicos, incluyendo la ciencia y la tecnología para la conservación de los alimentos que existe actualmente, y que nos permiten tener la amplia disponibilidad de alimentos procesados y convenientes que podemos adquirir fácilmente, a nivel mundial hoy en día.

El ser humano ha evolucionado para ser un consumidor flexible, y así como adaptó su alimentación a los recursos disponibles en la prehistoria, del mismo modo se ha ido adaptando progresivamente a nuevas formas de alimentación, tal vez menos naturales y más industrializadas, como respuesta a un estilo de vida agitado, compulso, urbano y globalizado. Sin embargo, este moderno estilo de vida en muchos casos afecta los patrones de alimentación de la población y conduce a favorecer el desarrollo de numerosas enfermedades asociadas a una alimentación no saludable y un estilo de vida sedentario.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), llevar una dieta sana a lo largo de la vida ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas, así como distintas enfermedades no transmisibles (ENTs) como diabetes, obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, alergias y diferentes afecciones. Sin embargo, el aumento de la producción de alimentos procesados, la rápida urbanización y el cambio en los estilos de vida han dado lugar a un cambio en los hábitos alimentarios.

Ahora se consumen más alimentos hipercalóricos, más grasas saturadas, más grasas de tipo trans, más azúcares libres y más sal o sodio; además, hay muchas personas que no comen suficientes frutas, verduras y fibra dietética, como por ejemplo cereales y granos integrales. La composición exacta de una alimentación saludable, equilibrada y variada depende de las necesidades de cada persona (por ejemplo, de su edad, sexo, hábitos de vida, ejercicio físico), el contexto cultural, los alimentos disponibles localmente y los hábitos alimentarios.

No obstante, los principios básicos de la alimentación saludable son siempre los mismos: comer frutas, verduras, legumbres (por ejemplo, lentejas, judías), frutos secos y cereales integrales (maíz, mijo, avena, arroz integral no procesados), comer diariamente frutas y hortalizas ; limitar el consumo de azúcares libres (azúcar, dulces, azúcar natural de la miel, jarabes, y jugos de fruta procesados, refrescos, gaseosas, etc ); limitar el consumo de grasas, las no saturadas (aceite de pescado, los aguacates, los frutos secos, o el aceite de girasol, canola y oliva) son preferibles a las grasas saturadas (carne grasa, la mantequilla, el aceite de palma y de coco, la nata, el queso, la manteca de cerdo).

Evitar las grasas industriales de tipo trans (presentes en los alimentos procesados, la comida rápida, los aperitivos, los alimentos fritos, las pizzas congeladas, los pasteles, las galletas, las margarinas y las pastas para untar) ya que no forman parte de una dieta sana; limitar el consumo de sal (a menos de 5 gramos al día) y consumir sal yodada.

Para mantenernos sanos, además de una alimentación saludable, es necesario realizar diariamente actividad física, es decir mantenernos en movimiento (caminar, subir y bajar escaleras, nadar, andar en bicicleta, bailar).

En la prehistoria el ser humano se alimentó con los recursos que tenía a disposición y necesitó moverse para obtenerlos (persiguió su presa, caminó para encontrar los lugares donde había alimentos, etc.). Miles de años más tarde, el hombre moderno dispone de alimentos en abundancia y con facilidad, no necesita perseguir a un bisonte, un jabalí o un mamut para comer, no necesita esperar a cosechar las frutas o las hortalizas, porque puede adquirirla en el supermercado en diversas presentaciones, no necesita preparar la comida porque existen numerosos lugares de comida rápida. Pero, tanta disponibilidad sin conciencia de bienestar tiene un precio: el deterioro de la salud, el desarrollo de enfermedades, la reducción de la calidad de vida. En fin, alimentarnos mal es una manifestación de la falta de autoestima, de la falta de amor por nosotros mismos.

Somos privilegiados, tenemos mucho mas de donde elegir que nuestras antepasados, tenemos una vida más abundante, más fácil, más cómoda, más placentera; nos corresponde vivirla con más responsabilidad, con más conciencia, conciencia para elegir aquello que contribuya a nuestro bienestar, a nuestra salud integral, a nuestra felicidad. No importa el nombre que le demos a la forma de alimentarnos, lo que es fundamental es tomar conciencia de la importancia de alimentarnos en forma saludable. Después de todo, alimentarnos bien nos lleva al bienestar físico, mental, emocional y espiritual y eso es Abundancia!

Elijamos alimentarnos conscientemente y seamos agradecidos por tener tanto.

Dra. María Estela Matos S.
Directora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Central de Venezuela (ICTA-UCV)

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